Rapa Nui y sus moáis

Distancia a las principales ciudades

Para los que no lo sitúen en el mapa, Rapa Nui, Isla de Pascua o Easter Island se encuentra en el vértice sureste del llamado Triángulo de la Polinesia. En medio del Océano Pacífico y a más de 2.000 km de la isla poblada más próxima (que tiene menos de 100 habitantes), se trata de una de las islas habitadas más remotas del planeta. Un poste en la carretera me informa de que estamos a 13.201 km de Madrid. En 1887 se anexó a Chile, aunque es gestionado como «territorio especial», con leyes y administración distintas a las del continente.

Moai

En este lugar tan apartado, los habitantes rapanui han desarrollado una cultura genuina y única, a lo largo de al menos 7 siglos sin ningún contacto con el exterior. Es esta cultura distintiva la que atrae, hoy, al turismo, además del buen clima y la posibilidad de relajarse unos días en una isla de la Polinesia. Not bad!! 🙂

Pese al desarrollo del turismo, la isla no ha perdido el encanto ni la tranquilidad. No hay resorts, ni grandes hoteles, ni cadenas de restaurantes; todo permanece a pequeña escala y gestionado por la comunidad local. Eso sí, es caro, ya que prácticamente todo ha de importarse desde Chile, a más de 5 horas en avión.

Un viaje a Isla de Pascua sirve para empaparse de la apasionante y enigmática historia de Rapa Nui, que es tal vez lo que hace este destino tan especial. Los primeros pobladores, probablemente llegados desde islas lejanas de la Polinesia, habrían sido guiados, según la tradición oral rapanui, por Hotu Matu’a, el primer Ariki (rey) de Rapa Nui. La sociedad se desarrolló dividida en clanes y en base a un sistema de clases altamente estratificado.

Entre los años 1200 y 1500 la sociedad rapanui alcanzó su apogeo. La población de esta pequeña isla llegó a su máximo entre 10.000 y 30.000 personas y se construyeron 300  ahu (plataformas ceremoniales) que albergaban cientos de moáis. Después, vino la crisis. Se piensa que la sobrepoblación y la construcción masiva y desplazamiento de los moáis llevó a la deforestación y el agotamiento de los recursos naturales de la isla. Los distintos clanes compitieron por los escasos recursos provocando guerras internas, el derribo de los moáis de otros clanes y hasta el canibalismo.

Cuando los primeros europeos llegaron a la isla en el día de Pascua de 1722 (de ahí el nombre Isla de Pascua), quedaban entre 2.000 y 3.000 rapanui. Pero la población todavía habría de descender mucho más. La captura de los rapanui como esclavos, las epidemias de tuberculosis y viruela resultado del contacto con el exterior y la huida de algunos rapanui hacia Taiti con misioneros católicos, diezmaron la población rapanui hasta un mínimo de 110 personas en 1877. La clase sacerdotal pereció por completo, y con ella el entendimiento del rongo rongo, única escritura de Polinesia que quedó inexplicada desde entonces.

El principal legado cultural de la cultura ancestral Rapa Nui son las estatuas de piedra conocidas como moai, y que se sitúan sobre los ahus (plataformas ceremoniales). Existen unos 600, aunque muchos de ellos no fueron ni siquiera terminados y yacen en la cantera. Otros, se encuentran derribados sobre los ahus a consecuencia de las guerras tribales y, finalmente, otros han sido reconstruidos y alzados de nuevo sobre sus ahus. La mayoría de los ahu se encuentran en la costa de la isla, con los moáis mirando hacia el interior, como vigilando lo que pasa en la isla.

Moáis sobre un ahu en Anakena

Su significado es aún incierto. La teoría más aceptada afirma que son representaciones de los antepasados difuntos, de manera que proyectaran su mana (energía o poder sobrenatural) sobre sus descendientes. Pero el hecho de no conocer exactamente la función o significado de los moáis le añade un toque de interés y de misterio. ¿Qué representan? ¿Cómo los construyeron? ¿Qué están mirando? Son preguntas cuya respuesta probablemente nunca conozcamos con certeza.

Como los moáis están esparcidos por la costa, el principal recorrido turístico en Rapa Nui es recorrer la isla por la costa, parándose frecuentemente para ver los moái o subir a alguno de los 3 volcanes que conforman la isla. Aunque la isla no es grande, no es posible realizar este recorrido andando, pero hay oportunidad de alquilar el medio de transporte que cada uno prefiera: bici, moto, coche 4×4, quad… Así uno puede explorar la isla a su propio ritmo, en mi opinión muy preferible a ir con un tour. Otras actividades en oferta son submarinismo (desde luego son las aguas más transparentes que yo haya visto), surf, paseos a caballo y otras muchas.

Yo opté por la bici, pues me gusta ir despacio viendo el paisaje, haciendo ejercicio y respirando el aire puro. Pero después de dar 3 vueltas a la isla en bici, ya tenía las piernas destrozadas, así que me tomé un merecido  descanso en la playa de Anakena:

Playa de Anakena

Cómo no, la playa de Anakena también está “guardada” por sus moáis, que han sido edificados en un ahu sobre unas piedras en la arena.

En el otro lado de la isla, más cerca del pueblo, hay una serie de cuevas. Aquí también, el agua turquesa es absolutamente cristalina, impoluta en medio del inmenso Océano Pacífico. Desde una de estas cuevas se desarrollaba el ceremonial del Tangata manu (Hombre-pájaro), en la que jóvenes de diferentes clanes competían para ser el primero en volver del islote Motu Nui con el primer huevo del gaviotín pascuense para el jefe de su clan y convertirlo así en líder de la isla por un año.

Una de las cuevas al sur de la isla

Dispersos por la isla durante el día, los turistas se concentran al atardecer para ver la puesta de sol sobre los moáis del Ahu de Tahari a escasos 10 minutos del pueblo:

Atardecer sobre los moai

Atardecer cerca de Hanga Roa

El amanecer del otro lado de la isla es igualmente hermoso, pero eso queda para los valientes que se levantan y cruzan la isla antes de que empiece a salir el sol. Aunque tampoco se podía dormir mucho más: puntualmente, el hostel se llenaba de gallos al amanecer, y allí ya no había quien durmiera!!

Bueno, creo que me he excedido un poco en lo largo del post, pero en serio, este destino es muy especial y en mi opinión merece mucho la pena ir a empaparse del mana (energía) de la isla. No es típico turismo de sol y playa, aunque esto tampoco falta, pero es mucho más rico culturalmente. También es buen sitio para conocer otros viajeros, porque el ambiente relajado de la isla lo propicia. Muchos turistas van por 3-4 días, suficiente para verlo todo. Pero es preferible destinar 5-7 días para hacerlo con un poco de tranquilidad y disfrutarlo. Las personas que estuvieron más de una semana ya llegaron a un cierto aburrimiento del lugar.

Desde allí volé hacia Lima, para iniciar un recorrido por Perú que ya os iré contando en los próximos posts.

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Chile – Paisajes de Atacama

La zona del desierto de Atacama es uno de los parajes con mayor belleza natural que conozco.

El viaje en autobús desde la ciudad argentina de Salta hasta San Pedro de Atacama ya es toda una atracción en sí mismo. Desde la carretera se divisan montañas nevadas, paisajes desérticos, lagunas altiplánicas y hasta esta enorme salina, que todos los pasajeros estábamos fotografiando:

Salina en el norete de Argentina

Laguna altiplánica en el camino a San Pedro

El municipio de San Pedro de Atacama es pequeño y muy turístico. Está cerca de montañas, géiseres, lagunas, salares, termas, dunas para hacer sandboarding y un sinfin de cosas más. Las cuatro calles del pueblo están llenas de hospedajes y empresas que ofrecen tours a todos estos lugares.

Suelo agrietado del desierto

El desierto de Atacama es el más árido del planeta. En su sector central, se han registrado hasta cuatro años sin lluvias. No faltan carteles que recuerdan que se debe hacer un uso responsable del agua.

Con mi bici por el desierto

Yo no tuve mucho tiempo para visitar la zona y por desgracia me quedé sin ver muchos de los lugares de interés. Pero lo que sí hice fue alquilar una bicicleta y pedalear hasta uno de los más conocidos: el Valle de la Luna. Este paraje desértico forma parte de una Reserva Natural.

En este parque hay un circuito que pasa por salinas, un cañón, montañas y formaciones rocosas.

Formación rocosa y salina

Pero tal vez la estrella del Parque Natural es la duna mayor:

En el camino se podían divisar también hermosas montañas más lejanas:

Montañas nevadas a lo lejos

Así que terminé mi día de ciclismo por el desierto con un par de kilos menos por todo lo que sudas pedaleando por allá! Pero mereció la pena claro!! No quiero sobrecargar esto con más fotos pero la verdad es que los paisajes eran todos espectaculares.

Me fui muy rápido de San Pedro porque tenía que coger en Santiago de Chile el primero de los vuelos de mi billete round-the-world, con destino Isla de Pascua… seguiremos contando en el siguiente post.