Perú – Sabores del Ande

Mi amiga Sonsoles ha puesto en marcha ZUVY, una novedosa iniciativa que aúna el mundo de los viajes con la cooperación al desarrollo. El servicio web de Zuvy permite a cualquier viajero encontrar experiencias solidarias para incluir en sus viajes, de forma que puede conocer y compartir el día a día de estos proyectos durante uno o dos días. El viajero realiza una contribución económica al proyecto, y no menos importante es el beneficio que puede suponer la concienciación y la promoción en su país de origen. Os invito a entrar en la página web de zuvy y buscar experiencias que se adapten a vuestros viajes.

Recibimiento de Paulina

A través de Zuvy pude contratar la experiencia “Sabores del Ande”, que ofrece la asociación “La Tierra de los Yachaqs” (los sabios), en la pequeña comunidad de Huchuy Qosqo. Nada más llegar, Paulina, la presidenta de esta asociación, me ofreció una calurosa bienvenida con flores. Ya en la cocina, me ofrecen un mate y voy conociendo y conversando con las señoras con quienes compartiría el día. Me cuentan cómo surgió la idea y que llevan varios años preparándose para recibir turistas. Codespa, una ONG española, les ha ayudado a capacitarse y promocionar el proyecto.

Cocina

La actividad consistía en preparar una comida, con ingredientes y al modo tradicional de los andes peruanos. Así que nos pusimos manos a la obra, ¡¡a cocinar!!. Primero, empezamos a pelar el maíz y el olluco (parecido a la patata).

Mientras un par de señoras ponían la comida al fuego, otro grupo fuimos al huerto para recoger maíz y otros ingredientes. Allí cultivan casi todos los elementos de su dieta, basada en maíz y patata (en ambos casos hay miles de variedades y colores). Se trata de agricultura 100% ecológica, no utilizan nada artificial. Me dejaron llevarme un choclo para casa, que luego regalé a un amigo en Lima, y me aseguró que estaba rico.

Variedades de maíz

Resultado final

Vueltos del huerto seguimos preparando la comida. De primero, una sopita muy rica con maíz. El plato principal era en base a olluco, un tubérculo que se utiliza mucho en la zona. Sentados en la cocina, me explicaron sobre la alimentación y los productos de la zona, pero también me hablaron de su cultura, su lengua, sus tradiciones, su vestimenta y un largo etcétera. También a mí me preguntaron con interés y curiosidad… si me gusta Perú… cómo se vive en España… si comemos las mismas cosas… En definitiva, fue una gran oportunidad para interaccionar con las personas de esta comunidad durante toda la mañana y compartir con ellas ideas y experiencias.  Desde el primer momento noté una total naturalidad, haciendo actividades que forman parte del propio día a día de estas personas; una autenticidad que raras veces se encuentra (y mucho menos en la región de Cusco).

Terminado el trabajo, nos sentamos a la mesa a disfrutar de la comida, y ¡¡la verdad es que quedó genial!!

Finalmente, ¡a disfrutar de la comida!

Esta asociación también organiza otras actividades en distintas comunidades, como por ejemplo fabricación de textiles o rutas por la tierra de las llamas. En esta comunidad también ofrecen alojamiento rural, que al parecer está muy vacío, seguramente porque los viajeros desconocemos estas opciones; claro, no sale en el Lonely Planet.

Cada vez hay más actividades de este estilo. Todo ello dentro de una concepción de turismo responsable que compartimos Sonsoles y yo, Codespa y muchas otras personas; un turismo que respete a las comunidades locales, auto-gestionado por ellos y que contribuya a mejorar su calidad de vida.

El equipo de cocina

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Perú – Machu Picchu

Por fin llegué a la región de Cusco (por cierto, ahora se escribe así). Es la zona más visitada por turistas extranjeros, una ciudad que vive del turismo y puede llegar a ser algo agobiante. En el siguiente post os propondré una alternativa original al turismo convencional de la zona, paciencia.

Machu Picchu está en un emplazamiento tan recóndito que sólo llegar ya es complicado. No hay carretera, las únicas alternativas son ir en tren o bien recorrer uno de los treks, de los que el más conocido es el Camino Inca (Inca Trail). Así que llegar a Machu Picchu me costó una combinación de 2 combis, tren y autobús de subida desde Aguas Calientes. Si se quiere visitar en el día desde Cusco, es necesario levantarse temprano.

Es bastante irritante cómo tratan de sacar el dinero a los muchísimos turistas que visitan Machu Picchu. Solamente el ticket de entrada cuesta 128 soles (por comparación con lo más similar, la entrada a Kuélap cuesta 15 soles). Evidentemente, tanto dinero multiplicado por tal número de personas no puede concebirse que se utilice en la preservación de las ruinas. Esto sumado al coste del tren, que va en función de las horas pero tampoco es barato. Otro ejemplo, el autobús que sube a las ruinas desde el pueblo (20 minutos) cuesta 21 soles ida, mientras que a mí me había costado el trayecto de Puno a Cusco (8 horas)  20 soles. Así todo.

Una vez llegas y te concentras en la vista tan espectacular, todo esto se te olvida inmediatamente y te quedas sin aliento. Les presento Machu Picchu:

Machu Picchu

A primera vista Machu Picchu es espectacular. No impresionan tanto las ruinas en sí, sino el paisaje que hay alrededor, impresionante!

Es uno de estos lugares que viéndolo en persona ganan mucho respecto a las fotos. En las fotos no se pueden percibir las vistas tan increíbles que hay en toda la perspectiva de 360º.

Inmediatamente te preguntas cómo los incas pudieron construir una ciudad en un lugar como éste, de tan difícil acceso y en la cima de una montaña. Desde luego, sus casas tenían una de las mejores vistas posibles en el mundo, me imagino la sensación que tendrían al levantarse por la mañana y contemplar el Valle Sagrado.

En el año 2007 Machu Picchu fue elegida una de las 7 nuevas maravillas del mundo. Tal vez la única de las otras que me ha impresionado más ha sido la ciudad de Petra, en Jordania.

Ya cerca de la hora de cierre, las ruinas estaban bastante tranquilas, ya había pasado la masa de turistas y guías que recorren cada día el lugar. También hay un par de llamas sueltas por allí, pastando en el césped, y que dan un toque de color. ¿Quién sabe? Puede que sean descendientes de las que vivían junto a los incas hace 5 siglos.

Machu Picchu

Perú – Turismo vivencial en el Lago Titicaca

Perú y Bolivia comparten el inmenso lago Titicaca, zona de paisajes preciosos y una marcada cultura propia desarrollada por sus habitantes durante cientos de años. Está a casi 4.000 metros de altitud, preparaos para sentir un poco de mal de altura o al menos algo de cansancio (y frío). El modelo turístico que se sigue aquí es el de turismo vivencial, convivir con familias locales y adoptar su modelo de vida por un par de días.

Recomendación: NO contratar un tour. La comunidad local tiene perfectamente organizado el turismo, de modo que es completamente inncesario ir con una agencia de viajes. Contratando directamente con los locales, nuestro dinero va íntegramente a la comunidad, y además de una manera muy repartida, como explicaré. Contratando con una agencia, aparte de que sale más caro, en ocasiones sólo una mínima parte del dinero va a parar a la familia que nos da alojamiento y comida.

Por contra, lo recomendable es hacer lo siguiente. Llegas al puerto de Puno a las 8am, compras el billete (S30=US$11) a la cooperativa de Servicio de Transporte Colectivo de Amantaní, que también asigna los barcos con un sistema rotativo. Directamente te conducen al próximo barco. A partir de ahí, tienen todo muy bien organizado y proponen un programa de dos días, aunque pueden acomodar cualquier variación según el interés del viajero.

La primera parada es en las Islas Uros. Estas islas son muy curiosas, de verdad. El barco se detiene cada vez en una, también siguiendo la debida rotación. No se trata de verdaderas islas, sino de construcciones artificiales, flotantes, hechas de totora.

Una de las islas flotantes de los Uros

Nos recibe en la isla el “presidente” de la isla, que es un equivalente a presidente de una comunidad de vecinos, porque en cada isla viven sólo 3-4 familias. Las casas, sus barcos y hasta el propio suelo de la isla son de totora. Esto requiere un mantenimiento constante, añadiendo capas de totora, y hacer una isla nueva cada pocos años. Su tradición dice que comenzaron a habitar islas flotantes escapando del asedio de los Incas. Sus habitantes viven de la pesca, la artesanía, y el turismo, claro.

Habitantes de las Islas Uros recogiendo el pescado

Tras la parada en las Uros vamos directamente a Amantaní, a 3 horas de navegación de Puno. Allí asignan a cada viajero o grupo con una familia local. El sistema es rotativo, asegurando que todas las familias se benefician equitativamente del turismo. El precio son 30 soles por persona y día, incluyendo desayuno, comida y cena con la familia. Si te saltas todo este sistema de la comunidad y negocias directamente con alguna familia, te saldrá más barato; yo creo que no tiene mucho sentido porque el precio es razonable y el sistema equitativo.

Mi sopita en la cocina

Vivir en una de estas casas merece la pena. Mentalizaos de que no va a haber agua caliente ni calefacción (y hace frío). Pero compartir la vida con una familia normal de estas islas es la mejor forma de conocerlos. La señora me preparaba la cena en la cocina y me acompañaba contándome cosas de la isla. El marido estaba casi siempre en el campo trabajando. Los niños entraban y salían para ir al cole.

Me tomé esta sopita y un plato con patatas, queso, etc. y me fui a dar un paseo por la isla. Hay 2 cumbres, Pachatata y Pachamama, donde se practican rituales una vez al año, y desde donde también se pueden ver bonitos paisajes.

La tercera isla, Taquile, la visitamos el día siguiente en el viaje de vuelta hacia Puno. Es algo más turística, y tiene algunos hoteles y restaurantes, algo totalmente ausente en Amantaní ya que todo se hace con las familias. Los habitantes de Taquile llevan unos vestidos étnicos preciosos, y el pueblo merece también la pena.

Isla Taquile frente al Lago Titicaca

En resumen, es muy recomendable una visita a estas islas para poder conocer y compartir con sus habitantes un modelo tradicional de vida. Formas como el turismo vivencial se están extendiendo cada vez por más sitios.

Perú – Un recorrido por el Norte

Desde Trujillo viajé a otras ciudades del norte de Perú, y de aquí empiezo por contaros algo más de la cultura Mochica.

En el pueblo de Lambayeque, cerca de la ciudad de Chiclayo, estuve visitando el Museo de las Tumbas Reales de Sipán. Cerca, en el pueblo de Sipán, se descubrió en 1987 un emplazamiento arqueológico de primera magnitud. Son conocidos los enfrentamientos que hubo entre arqueólogos/policía y los huaqueros (saqueadores de tumbas), por quedarse con los “tesoros”; alguno acabó muerto.

Museo de las tumbas reales de Sipán

En el museo se exponen muchos de los objetos encontrados, y más importante, una reproducción exacta de tres tumbas de altos dirigentes  mochicas que no habían sido saqueadas y se encontraron intactas: el Señor de Sipán, el Sacerdote y el Viejo Señor.

La visita está organizada en el orden en que fueron encontradas los cuerpos y joyas, increscendo, de modo que puedes compartir la emoción que debieron sentir los arqueólogos al ir encontrando y reconociendo poco a poco más “personajes” y, finalmente, darse cuenta de que se trataba de la tumba real.

Además de a su morador principal, las tumbas contenía joyas, cerámicas, alimento y otros objetos que pudieran ser útiles al Señor en la otra vida. También animales, como un perro o una llama (sin cabeza) y varias mujeres (concubinas), un niño, un guardián (al que previamente habían cortado los pies para que no se moviera de allí). Muerto el Señor, mataban también a varias personas que tenían el “privilegio” de enterrarse con él en una disposición cuidadosamente estudiada.

Desde Chiclayo fui hacia el interior, a la ciudad de Chachapoyas. Allí el paisaje cambia radicalmente. Desde la costa, que es muy árido y casi desértico, a la cordillera, todo verde y montañoso.

Fortaleza Kuélap

Alrededor de Chachapoyas, el primer día estuve visitando la fortaleza Kuélap. Tres horas por unas carreteras de montaña muy escénicas la separan de la ciudad. Este emplazamiento de la civilización Chachapoyas está situada en lo alto de una montaña, por razones defensivas, y rodeada de un enorme muro. La entrada es muy estrecha, por si se producía una invasión. La fortaleza sirvió durante siglos a los Chachapoyas para defenderse de pueblos vecinos, especialmente de los de la región del Amazonas. Finalmente, también los Chachapoyas fueron conquistados por los incas hacia 1470.

Kuélap

Tiene fama de ser las ruinas más impresionantes después de Machu Picchu. Es menos impactante, pero desde luego, la vista desde  Kuélap es impresionante. Al igual que Machu Picchu, está rodeado por todas partes de montañas andinas, un paisaje espectacular. Pero, claro, el número de turistas que llegan hasta aquí es el 0.000001% de los que hay en Machu Picchu, así que no hay ningún agobio, y preserva un aire de autenticidad en un sitio tan remoto.

Catarata Gocta

El día siguiente cambié de escenario y me fui a hacer un poco de trekking y visitar la Catarata Gocta. Este salto de agua tiene 771 metros de altura. En 2005 se midieron varias cataratas para saber cuál era la más alta del mundo, y esta quedó segunda. Pero bueno, competiciones aparte, es un bonito paseo, el paisaje y los caminos merecen la pena.

Algún susto también tuve ese día por la inexperiencia. Fui con un señor alemán de 66 años que había conocido en Kuélap. Es físico experimiental jubilado, deja la mujer trabajando en su casa y se dedica a recorrer Sudamérica alojándose de couchsurfing. Cuando viajas encuentras gente así de curiosa. Menos mal que vive en Suiza y es muy montañero porque aguantó como un campeón un día que fue durísimo, yo desde luego estaba muerto. La combi desde Chachapoyas nos dejó en la mitad de la carretera, y desde allí es toda una caminata hasta las cataratas. Así que tardamos 4 horas y media en llegar a las cataratas, casi sin parar y por caminos de montaña, todo el rato cuestas arriba y abajo. Yo tenía mi autobús al siguiente destino a las 7pm, y ya estaba convencido de que lo perdía. Además, en poco tiempo se iba a hacer de noche. Así que cuando por fin conseguimos llegar a la catarata, no nos quedamos allí ni un minuto, nos volvimos directamente por otro camino. Menos mal que la vuelta fue solo 2,5 horas. Al final llegamos a la carretera cuando ya estaba anocheciendo, y tuvimos la suerte de que pasó un coche que nos recogió. Corriendo, llegué justo a tiempo al autobús. 🙂

Esta zona de Perú merece bastante la pena. Las posibilidades de hacer un trek de varios días son muchas, al igual que en la región de Cusco. Pero aquí el turismo no está tan desarrollado o mejor dicho masificado, así que es mucho más tranquilo y auténtico (y económico).

Perú – Trujillo

Ocho horas de autobús separan Lima de Trujillo, la ciudad más importante al norte de la capital. Tomó el nombre de la ciudad extremeña, por ser donde nació Francisco Pizarro. A Trujillo también se le denomina “Ciudad de la eterna primavera”, al igual que comenté aquí sobre Medellín, por el buen clima.

Como en casi todas las ciudades de Perú, el centro se articula en torno a la Plaza de Armas, que alberga algunos edificios coloniales y la catedral.

Plaza de Armas de Trujillo

Mecanógrafos que prestan sus servicios en las calles de Trujillo

Trujillo es una ciudad agradable, con un aire tradicional por la arquitectura colonial y el gran número de iglesias antiguas que contiene. También mantienen una actividad tradicional las personas que, en la era de los ordenadores, sigue mecanografiando en la calle con su máquina de escribir. Pasé por allí y les pregunté qué estaban escribiendo: un contrato de arrendamiento.  ¿? 😐

En los alrededores de Trujillo hay desde una playa de surfers hasta dos de las ruinas más visitadas del Perú pre-inca: Chan Chan y las Huacas del Sol y de la Luna. Todo ello hace que Trujillo sea una parada imprescindible para la minoría de viajeros que se animan a viajar al norte y no se limitan únicamente al más popular circuito del sur, llamado descriptivamente “gringo trail”, de Machu Picchu y demás.

Yo estuve alojado en el pueblo costero de Huanchaco, muy agradable al estar junto al mar y buena idea para hacer frente al calor. Para desplazarse desde/hacia el centro no hay mucho problema: constantemente pasan “combis” y siempre oyes al cobrador voceando <<¡¡Huachaco!!! ¡¡Anchaco!! ¡¡Chaco!!…¡¡¡Huanchaco!!!>>.

Por la ruta de estas combis, a medio camino entre Trujillo y Huanchaco se encuentra Chan Chan, ruina de lo que una vez fue la capital de la civilización Chimú. De enorme magnitud, era la mayor ciudad pre-colombina en América y la mayor ciudad de adobe del mundo.

Chan Chan

Representaciones en los muros de Chan Chan

Construida alrededor de 1300 dC, Chan Chan fue conquistada por los incas, procedentes de Cusco, hacia 1470 dC. En el siglo siguiente, los españoles también pasaron por allí para saquearla. Los esfuerzos para preservar estas ruinas se han topado con varios fenómenos de El Niño, que han erosionado mucho esta ciudad hecha de adobe, así que lo que podemos ver hoy es sólo una mínima parte de lo que una vez fue.

Años antes de la aparición de los Chimu y la construcción de Chan Chan, se desarrolló en la misma zona del norte de Perú la cultura Moche o Mochica, entre los años 100 aC y 700 dC. Esta cultura destacó por su fina cerámica. La principal ciudad de esta civilización se construyó en torno a las Huacas del Sol y de la Luna. Merece la pena ir hasta allí, es algo más alejado que Chan Chan pero por supuesto también hay una combi que te acerca.

Huaca del Sol vista desde Huaca de la Luna

La Huaca del Sol, mayor, era una enorme pirámide de adobe que pudo tener funciones administrativas. La Huaca de la Luna, más pequeña pero también más importante, tenía fines religiosos, y era allí donde residían los principales sacerdotes y dirigentes. Entre las dos se extendía la ciudad, hoy espacio desértico.

Imagen del dios Ai Apaec

La Huaca del Sol no se visita, se están realizando trabajos arqueológicos. La visita a la Huaca de la Luna es guiada, cosa que está bien porque te cuenan las lo que sucedía en el interior… Y es que aquí es donde se practicaban los sacrificios humanos. Dos guerreros luchaban entre sí, y el perdedor era encerrado hasta sacrificarlo. Cuando había sequías o similar, se multiplicaban los sacrificios, para aplacar la ira de los dioses. Dioses, que da miedo sólo verlos representados… El principal y más temido era Ai Apaec, también llamado “el decapitador”. Otros, con forma de arácnidos, serpientes, felinos, etc.

Mural en Huaca de la Luna

El final llegó para la civilización Moche como tal alrededor del siglo VII. Hubo una sequía muy prolongada y un duro fenómeno de El Niño. Pese a multiplicar los sacrificios y los rituales, los sacerdotes y dirigentes no consiguieron calmar la ira de los dioses. Es posible que al final la gente que sobrevivió esta dura etapa ya estuvieran hartos de hacer tanto sacrificio que veían que no servía para nada, la clase dirigente y el propio sistema pudo quedar en descrédito. Finalmente, se abandonaran los núcleos urbanos.

Aunque muchos extranjeros en todo el mundo sólo han oído hablar sobre los Incas, en Perú se han desarrollado otras muchas civilizaciones igualmente importantes, como los moche o los chimú. Los incas sólo alcanzaron una posición de dominio importante en el siglo anterior a la llegada de los españoles.

Perú – Saboreando Lima

Desde Isla de Pascua volé a Lima. Si es fácil viajar por todo Sudamérica, Perú es un paraíso de mochileros: alojamiento y comida barata, hostels, transporte frecuente y económico por todo el país y una variedad enorme de cosas que hacer y sitios que visitar , desde surfear en unas playas perfectas al trekking por los Andes o la selva amazónica.

En Lima la mayor parte de los museos y sitios de interés está en el casco histórico, en torno a la Plaza de Armas. Desde allí, tiempo atrás se gobernó el Virreinato del Perú, que controlaba gran parte de Sudamérica.

Plaza de Armas de Lima

Barrios al norte del Rimac

Lima es una ciudad de grandes contrastes. Al sur del centro histórico, barrios modernos y elegantes como San Isidro, con su golf , y Miraflores, con un bonito paseo marítimo y club de tenis. Al norte y en el extrarradio se extienden otros barrios más humildes, muchos ocupados por inmigrantes del interior del país llegados a Lima en las últimas décadas. Esta es una imagen típica en toda América Latina: la desigualdad se hace muy visible.

Otra cosa que llama la atención al recién llegado a Lima es el transporte público. Es muy divertido. En las avenidas principales, uno se encuentra un maremágnum de combis (furgonetas), microbuses, autobuses, colectivos (taxi compartido) y taxis. Junto al conductor va un cobrador que grita los destinos de la combi/autobus, y así van pasando a toda mecha compitiendo entre ellas. Los primeros días, como no me enteraba de cuál de las 1.000 combis tenía que coger, iba siempre en Metropolitano (autobús rápido municipal con carril dedicado). Luego, a medida que me aprendí las principales calles de la ciudad, ya todo esto cobra sentido y podía hacerme una idea de la ruta a partir de las indicaciones que van voceando:<<¡¡TACNA!! ¡¡TODO AREQUIPA!! Baja, baja… ¡¡LARCO!! ¡¡BENAVIDES!! Sube, sube…Al fondo hay sitio…>>. En este blog podéis encontrar más anéctodas sobre las combis, incluyendo la curiosa función que realizan los “dateros”.

Uno de los principales reclamos de Lima es la comida (ñam ñam!!). Puedes encontrar desde menús perfectamente OK a 5 soles (1,8 US$) hasta restaurantes de lo más upscale. Además de la comida peruana o “criolla”, también abundan en toda la ciudad las Chifas. A mí me parecían restaurantes de comida china, pero un peruano rápidamente señalaría que se trata de gastronomía de fusión chino-peruana. En cualquier caso, tiene fama de ser la comida china más lograda fuera de China. Bastante bueno, y es también económico.

Comilona de cebiche

Aunque el plato estrella de Lima es el cebiche, preparado con pescado crudo marinado. Se sirve típicamente en restaurantes llamados cebicherías, que muchas veces abren sólo a la hora de comer. Óscar, que coincidió conmigo en Isla de Pascua, me invitó a comer un buen cebiche en este restaurante frente al puerto de Callao. Umm!! Qué rico!! Y regado con la mítica Inca Kola, una de las únicas bebidas del mundo que, en su país de origen, ha superado ampliamente a la Coca Cola (hasta que fue comprada por ésta, claro…)

Rapa Nui y sus moáis

Distancia a las principales ciudades

Para los que no lo sitúen en el mapa, Rapa Nui, Isla de Pascua o Easter Island se encuentra en el vértice sureste del llamado Triángulo de la Polinesia. En medio del Océano Pacífico y a más de 2.000 km de la isla poblada más próxima (que tiene menos de 100 habitantes), se trata de una de las islas habitadas más remotas del planeta. Un poste en la carretera me informa de que estamos a 13.201 km de Madrid. En 1887 se anexó a Chile, aunque es gestionado como «territorio especial», con leyes y administración distintas a las del continente.

Moai

En este lugar tan apartado, los habitantes rapanui han desarrollado una cultura genuina y única, a lo largo de al menos 7 siglos sin ningún contacto con el exterior. Es esta cultura distintiva la que atrae, hoy, al turismo, además del buen clima y la posibilidad de relajarse unos días en una isla de la Polinesia. Not bad!! 🙂

Pese al desarrollo del turismo, la isla no ha perdido el encanto ni la tranquilidad. No hay resorts, ni grandes hoteles, ni cadenas de restaurantes; todo permanece a pequeña escala y gestionado por la comunidad local. Eso sí, es caro, ya que prácticamente todo ha de importarse desde Chile, a más de 5 horas en avión.

Un viaje a Isla de Pascua sirve para empaparse de la apasionante y enigmática historia de Rapa Nui, que es tal vez lo que hace este destino tan especial. Los primeros pobladores, probablemente llegados desde islas lejanas de la Polinesia, habrían sido guiados, según la tradición oral rapanui, por Hotu Matu’a, el primer Ariki (rey) de Rapa Nui. La sociedad se desarrolló dividida en clanes y en base a un sistema de clases altamente estratificado.

Entre los años 1200 y 1500 la sociedad rapanui alcanzó su apogeo. La población de esta pequeña isla llegó a su máximo entre 10.000 y 30.000 personas y se construyeron 300  ahu (plataformas ceremoniales) que albergaban cientos de moáis. Después, vino la crisis. Se piensa que la sobrepoblación y la construcción masiva y desplazamiento de los moáis llevó a la deforestación y el agotamiento de los recursos naturales de la isla. Los distintos clanes compitieron por los escasos recursos provocando guerras internas, el derribo de los moáis de otros clanes y hasta el canibalismo.

Cuando los primeros europeos llegaron a la isla en el día de Pascua de 1722 (de ahí el nombre Isla de Pascua), quedaban entre 2.000 y 3.000 rapanui. Pero la población todavía habría de descender mucho más. La captura de los rapanui como esclavos, las epidemias de tuberculosis y viruela resultado del contacto con el exterior y la huida de algunos rapanui hacia Taiti con misioneros católicos, diezmaron la población rapanui hasta un mínimo de 110 personas en 1877. La clase sacerdotal pereció por completo, y con ella el entendimiento del rongo rongo, única escritura de Polinesia que quedó inexplicada desde entonces.

El principal legado cultural de la cultura ancestral Rapa Nui son las estatuas de piedra conocidas como moai, y que se sitúan sobre los ahus (plataformas ceremoniales). Existen unos 600, aunque muchos de ellos no fueron ni siquiera terminados y yacen en la cantera. Otros, se encuentran derribados sobre los ahus a consecuencia de las guerras tribales y, finalmente, otros han sido reconstruidos y alzados de nuevo sobre sus ahus. La mayoría de los ahu se encuentran en la costa de la isla, con los moáis mirando hacia el interior, como vigilando lo que pasa en la isla.

Moáis sobre un ahu en Anakena

Su significado es aún incierto. La teoría más aceptada afirma que son representaciones de los antepasados difuntos, de manera que proyectaran su mana (energía o poder sobrenatural) sobre sus descendientes. Pero el hecho de no conocer exactamente la función o significado de los moáis le añade un toque de interés y de misterio. ¿Qué representan? ¿Cómo los construyeron? ¿Qué están mirando? Son preguntas cuya respuesta probablemente nunca conozcamos con certeza.

Como los moáis están esparcidos por la costa, el principal recorrido turístico en Rapa Nui es recorrer la isla por la costa, parándose frecuentemente para ver los moái o subir a alguno de los 3 volcanes que conforman la isla. Aunque la isla no es grande, no es posible realizar este recorrido andando, pero hay oportunidad de alquilar el medio de transporte que cada uno prefiera: bici, moto, coche 4×4, quad… Así uno puede explorar la isla a su propio ritmo, en mi opinión muy preferible a ir con un tour. Otras actividades en oferta son submarinismo (desde luego son las aguas más transparentes que yo haya visto), surf, paseos a caballo y otras muchas.

Yo opté por la bici, pues me gusta ir despacio viendo el paisaje, haciendo ejercicio y respirando el aire puro. Pero después de dar 3 vueltas a la isla en bici, ya tenía las piernas destrozadas, así que me tomé un merecido  descanso en la playa de Anakena:

Playa de Anakena

Cómo no, la playa de Anakena también está “guardada” por sus moáis, que han sido edificados en un ahu sobre unas piedras en la arena.

En el otro lado de la isla, más cerca del pueblo, hay una serie de cuevas. Aquí también, el agua turquesa es absolutamente cristalina, impoluta en medio del inmenso Océano Pacífico. Desde una de estas cuevas se desarrollaba el ceremonial del Tangata manu (Hombre-pájaro), en la que jóvenes de diferentes clanes competían para ser el primero en volver del islote Motu Nui con el primer huevo del gaviotín pascuense para el jefe de su clan y convertirlo así en líder de la isla por un año.

Una de las cuevas al sur de la isla

Dispersos por la isla durante el día, los turistas se concentran al atardecer para ver la puesta de sol sobre los moáis del Ahu de Tahari a escasos 10 minutos del pueblo:

Atardecer sobre los moai

Atardecer cerca de Hanga Roa

El amanecer del otro lado de la isla es igualmente hermoso, pero eso queda para los valientes que se levantan y cruzan la isla antes de que empiece a salir el sol. Aunque tampoco se podía dormir mucho más: puntualmente, el hostel se llenaba de gallos al amanecer, y allí ya no había quien durmiera!!

Bueno, creo que me he excedido un poco en lo largo del post, pero en serio, este destino es muy especial y en mi opinión merece mucho la pena ir a empaparse del mana (energía) de la isla. No es típico turismo de sol y playa, aunque esto tampoco falta, pero es mucho más rico culturalmente. También es buen sitio para conocer otros viajeros, porque el ambiente relajado de la isla lo propicia. Muchos turistas van por 3-4 días, suficiente para verlo todo. Pero es preferible destinar 5-7 días para hacerlo con un poco de tranquilidad y disfrutarlo. Las personas que estuvieron más de una semana ya llegaron a un cierto aburrimiento del lugar.

Desde allí volé hacia Lima, para iniciar un recorrido por Perú que ya os iré contando en los próximos posts.