India – Palacios de Rajasthan

Mi primera parada en Rajasthan (o Rajastán o mejor Rayastán, yo utilizo la versión inglesa que se usa alli) fue en Jaipur, la capital de este estado tan visitado. Esta ciudad tan  dinámica y concurrida tiene maravillosos palacios.

Aunque mi primera experiencia en Jaipur fue algo caótica. En cuanto me bajé del autobús, decenas de personas y conductores de rickshaws trataban uno tras otro de llevarme a algún alojamiento, para recibir una buena comisión. Me perseguían a donde fuese para simular que me habían llevado ellos. Me llevó como 2 horas darles esquinazo y poder buscar un sitio sin “compañía”. Esto pasaba en todas las ciudades de India, pero en Jaipur eran, de lejos, los más pesados.

El centro de la ciudad se conoce como ‘Pink City’. Podéis imaginar por qué: todos los edificios están pintados de rosa!! Parece que la tradición se remonta a 1876, cuando fue de visita el Príncipe de Gales, y lo pintaron así para darle la bienvenida.

El edificio más conocido (y rosa, claro) es el Hawa Mahal, que tiene una fachada elegante y muy original. Se construyó a propósito con ventanas pequeñas, para que las mujeres de la corte real pudieran ver lo que sucedía en la calle sin ser vistas. El Hawa Mahal está al lado de otros edificios emblemáticos, en particular el Palacio Real.

Hawa Mahal

Las calles de la Ciudad Rosa están llenas de vida y comercio en ebullición. No en vano, Jaipur es la capital de Rajasthan, uno de los estados más importantes y poblados del país. Sólo vi a unos pocos turistas por las calles, mucho menos de lo que esperaba estando la ciudad en todos los mapas turísticos. Más tarde, cuando entré en el Palacio Real comprendí por qué: vienen en autobús o furgoneta y no se bajan más que para visitar palacios o comer en el restaurante de turistas pre-acordado. Una pena.

Vete para arriba!!!

Otros habitantes de las cornisas de la Ciudad Rosa son estos monos que yo odiaba, llamados Langurs :). Como podéis ver, este hombre estaba teniendo unas palabras con uno de ellos, que se sentaba en una moto y probablemente trataba de robar la fruta del puesto del señor 🙂

Las calles, como siempre en India, estaban repletas de vendedores ambulantes, vacas, motos, rickshaws, autorickshaws, coches y peatones en el mismo espacio.

Vida en la calle

A unos pocos kilómetros de Jaipur está Amber, la que fuera capital hasta que los Majarahas tuvieron que moverse a Jaipur por la escasez de agua. El palacio es impresionante, y no lo es menos el paisaje en general. Si te sientes muy vago para subir las escaleras hasta allá, no hay problema, unos elefantes suben a los turistas, aunque por un buen precio claro :).

Amber Fort

Desde Jaipur tomé un tren a Ajmer y la cercana ciudad sagrada de Pushkar. Como ya escribí algo de esto en el post anterior, os ahorro repetir.

Y desde allí, seguí hacia Udaipur, que es la otra ciudad más típica de los viajes a Rajasthan. Para muchos viajeros es la favorita en Rajasthan (si no en India), pero a mí tampoco me impresionó para ir tan lejos. Aunque el palacio de los Maharanas merece mucho la pena, y el hecho de que esté junto al lago lo hace muy fotogénico. Y el atardecer se ve hermoso sobre el lago. Pero el barrio junto al lago es MUY turístico. A diferencia de en Jaipur, los turistas sí se pasean todo el día por el enclave, comprando souvenirs de los insistentes vendedores.

Udaipur

En una isla sobre el lago hay otro palacio, al que llaman Lake Palace (en un nuevo alarde de originalidad). Lo han convertido en un hotel de 5 estrellas cerrado a visitantes. Es muy conocido porque en él se rodó Octopussy, la película de James Bond. En algunos bares/casas de la ciudad ponen la peli todos los días para los turistas.

Para mí, lo más interesante de Udaipur fue la suerte de poder coincidir con un festival religioso (ver post anterior).

Mi ‘animal pick’ para Udaipur es este enorme elefante, que iba por la calle guiado por su dueño (ni idea de a dónde). ¿En qué país te encuentras elefantes por la calle? Se paró junto a un puesto de plátanos y la gente empezó a arrojarle unos pocos, y el animal los engullía en un santiamén.

Elefante por la calle

Con este post cierro el ‘capítulo India’, que fue breve pero intenso. Estaré de vuelta con más países y más experiencias. 🙂

India – El impresionante Taj Mahal

Tras un par de semanas viajando por India llegué al monumento más visitado del país, el famoso Taj Mahal.

Este impresionante edificio fue construido por Shah Jahan, el quinto emperador Mughal. La dinastía Mughal fue fundada por Babur, descendiente de Timur (Tamerlán) y Genghis Khan, así que su historia está muy relacionada con la de las grandes ciudades de Asia Central de las que ya os hablé.

La visita se hace más impresionante si conoces la historia detrás de su construcción. En 1631, Shah Jahan estaba tan apenado por la muerte de su esposa en el parto de su 14 hijo que decidió construir este genial mausoleo para ella. Por eso, el Taj Mahal se asocia muy frecuentemente con el amor.

Y es PRECIOSO!!! Mirad:

El Taj Mahal está en la ciudad de Agra. El otro gran monumento allí es el Agra Fort. Es prácticamente una ciudad amurallada, que contiene varios edificios en su interior.

Andando por Agra, encontré el cuerpo de una vaca muerta. Los indios la habían cubierto con una sábana blanca, y la gente dejaba ofrendas de dinero, flores o comida.

India – Un mosaico de religiones

India es una tierra de profunda espiritualidad, lo que se nota claramente cuando estás en el país. No es casualidad que cuatro de las mayores religiones del mundo tienen allí su origen: Hinduismo, Budismo, Jainismo y Sikhismo.

La religión que inmediatamente asociamos con India es el Hinduismo, seguido por el 80% de la población. Esto es muy obvio cuando entras en un Mc’Donalds y ve que no tienen las típicas hamburguesas de ternera :). Pero también se hace evidente cuando te topas con festivales hindúes. El mayor que yo encontré fue en Udaipur. Había procesiones por todo el centro hasta los templos, con imágenes religiosas y decenas de seguidores.

Festival en Udaipur

En ciudades como Varanasi, Udaipur o Pushkar, existen ghats (escaleras que bajan al río), donde los hindúes celebran el baño ritual en el Ganges u otro río sagrado. También existen ghats específicos para la incineración, tras la cual las cenizas son llevadas por el río. Ver algunos de estos ghats es para muchos una de las experiencias más impactantes de su viaje a India.

Pero en India no sólo se practica el hinduismo. Otra de las religiones indias legendarias es el sikhismo, que practican casi 30 millones de personas, principalmente en la región de Punjab. Visité la ‘Mecca’ de esta religión, que se llama Harmandir Sahib, pero es más conocido como ‘Golden Temple’. Este templo brillante se encuentra en la ciudad de Amritsar, próxima a la frontera con Pakistán. Me impresionó mucho la visita y estuve casi todo el día allí. Todos son bienvenidos en el interior. No hay que pagar entrada, simplemente dejar los zapatos en las taquillas y cubrise la cabeza. El complejo es enorme y recibe miles de peregrinos y visitantes de lo más variados. Dentro hay gente haciendo cualquier cosa: echarse una siesta en una zona con alfombras (a lo que también me sumé, “alla donde fueres haz lo que vieres” :)), bañarse en la piscina que rodea el edificio principal, preparar ofrendas y por supuesto rezar. Es como una segunda casa para los Sikhs y cualquier otro que quiera ir.

Golden Temple

A la hora de comer, no tienes que ir muy lejos. Los templos sikhs o gurdwaras tienen un langar (comedor) donde todo el mundo está invitado a comer gratis, con independencia de su credo, raza o nivel económico. Y el langar del Golden Temple ha sido descrito como “tal vez el mayor comedor gratuito del mundo”, ya que sirve 80.000 comidas a diario, el doble los fines de semana, y en los festivales ni te cuento. Me puse en la cola y rápidamente entramos en el comedor y nos sentamos por filas en el suelo, mientras los voluntarios pasaban sirviendo la comida. Comer allí es una experiencia memorable. El lugar ejemplifica la unión de pueblos y religiones, y la generosidad para con cualquier hombre. Para daros una idea de la escala, mirad el número de voluntarios que estaban lavando los platos en un momento cualquiera:

Langar en el Golden Temple

También visité algunos lugares de la segunda mayor religión en India: el Islam.

Dargah Sharif

El que más me impresionó fue el Dargah Sharif del santo sufí Moinuddin Chishti, en Ajmer (Rajasthan). No es una mezquita, sino un memorial donde este santo está enterrado. Aunque Ajmer es predominantemente Hindú, todo lo que se ve aproximadamente a 500 metros de la gargah es musulmán.

No podría explicar la energía de este lugar. Acuden muchos peregrinos de toda la región, así que la gargah está repleta durante todo el día. Tienes que abrirte paso entre la muchedumbre para poder entrar. El mero hecho de estar cerca de la tumba de Muinuddin Chishti es sobrecogedor para estos peregrinos. El sentimiento de espiritualidad y excitación es contagioso. Están deseosos de entrar en el dargah, otros hacen oración en el suelo. Hay que ir allí para experimentar el ambiente.

Dentro de la gargah

India – Llegada a Delhi. Primeras impresiones

Llegué a India por primera vez!! Sobre India había escuchado de todo de amigos y viajeros: desde gente a la que le apasiona hasta los que desde que salen del aeropuerto no soportan ver la pobreza. INDIA: LOVE IT or HATE IT.

Delhi fue mi primera parada. La ciudad, llena de vida, tiene mucho que ofrecer. Como capital del país congrega a una variedad de gentes y comidas de todo el subcontinente.

Es una ciudad superpoblada y llena de energía. Hay montones de gente por todas partes, especialmente en los mercados y las callejuelas del centro de la ciudad.

Una de las cosas que sorprende al recién llegado es la cantidad de festivales, procesiones, celebraciones religiosas o de cualquier otro tipo que te encuentras por toda India. Esto añade a lo ‘colorido’ que es el país. Música, colores, algunas veces imágenes religiosas, y siempre mucha gente.

Otra imagen de India que no encontraríamos nunca en un país desarrollado son las propias calles. Mientras caminas, a 5 metros a la redonda puede haber coches, motocicletas, bicis, rickshaws, autorickshaws (tuk-tuk), vacas andando tranquilamente, niños jugando, un señor soltando incienso, o cualquier otra cosa. No puedes asimilar lo que está pasando alrededor tuyo, es demasiado. Un festival de los sentidos. Todos comparten la vía de forma más o menos pacífica, sea como sea de caótica la situación.

Una variedad de animales se abren camino, sin  alterarse, entre la muchedumbre. Las más visibles son las vacas, a las que todo el mundo respeta. También hay muchos perros sin dueño y, lo que yo peor llevaba, monos horribles. Ocasionalmente ves algún camello, como este que iba tranquilamente por la calle, y rara vez algún elefante conducido por allá y al que muchos ayudan a alimentar.

Un camello en su paseo de por las tardes

Ya os hablaré más sobre estos animales, pero ahora una foto de uno de los principales monumentos de Delhi: el Red Fort. El exterior se construyó con arenisca, lo que da al edificio su distintivo color rojizo.

Red Fort

En Delhi tuve ocasión de conocer a una generación de jóvenes indios ‘nuevos ricos’. Hablan en inglés entre ellos, que debe ser más fashion que el Hindi, cuando van a sus clubes de moda. Las primeras preguntas que hacen son siempre: “¿A qué te dedicas?” y “¿Dónde vives?”, claramente orientadas a ver si perteneces a su ambiente. Aunque para mí, la mera apariencia europea me eximía del escrutinio. Luego empiezan a presumir de cuán exitosos son en sus profesiones/negocios en sus 20s. Mi impresión -y sólo es una primera impresión de alguien que ha estado pocas semanas, puedo estar equivocado- es que son pretenciosos y desprecian al resto de la población de su propio país. O como uno de ellos dijo: “Delhi is a show-off”.

Delhi también es el centro del tranporte para todo el norte del país. Desde allí pude agarrar trenes/autobuses a Rajasthan, Punjab y Agra. De esto os sigo hablando en los próximos posts.