Ruta de la Seda 9 – Las dunas de Dunhuang

Desde Kashgar, la Ruta de la Seda se divide en dos, bordeando el desierto impenetrable de Taklamakan por el Norte y por el Sur. Yo seguí la ruta del Norte, más fácil, por Ürumqi y Turpan. Estas dos rutas vuelven a juntarse en el famoso pueblo oasis de Dunhuang. Llegué hasta allí tras interminables viajes en tren en vagones abarrotados: había gente por todas partes. Hace dos años, pude comprar billetes para literas económicas incluso con 1-2 días, pero ahora se ha vuelto tan popular que es imposible conseguir sitio salvo que lo compres con mucho tiempo; incluso conseguir un sitio sentado es difícil.

Dejé la extraordinaria región de Xinjiang y entré en Gansu, no menos interesante. Gansu se extiende a lo largo del corredor de Hexi, por donde los mercaderes transitaban evitando las altas montañas que hay por ambos lados.

Dunhuang es la ciudad que simboliza la Ruta de la Seda en China por autonomasia. Es un pueblo relativamente pequeño, agradable y relajado. No deja de ser muy turístico, claro que aquí el 98% de los turistas son chinos.

Para los interesados en la hitoria y el arte, el principal reclamo de Dunhuang son las cuevas budistas de Mogao. El budismo llegó aquí desde India, también por rutas comerciales. Los mercaderes financiaban la construcción de las cuevas, en agradecimiento por haber podido cruzar el temido Taklamakhan. Las cuevas eran habitadas por monjes. En el interior, hay estatuas de Buda pintadas, unas pequeñas, y otras inmensas, así como pinturas en las paredes y el techo. El inmenso complejo, con 735 cuevas, está reconocido como una de las obras maestras del arte budista en el mundo. No está permitido introducir cámaras a las cuevas (así que tenéis que ir :)).

Cuevas de Mogao

La otra atracción más famosa de Dunhuang, aparte del pueblo en sí mismo, es explorar las inmensas dunas de arena fina próximas al pueblo, alrededor del Crescent Lake. El Crescent Lake no es más que un pequeño lago en el desierto que supuestamente tiene forma de luna creciente. Es una atracción muy popular entre los turistas chinos, tal vez incluso más que las cuevas de Mogao. Está claro que los chinos y los occidentales tenemos gustos muy diferentes. La entrada a esta zona es muy costosa, totalmente fuera de precio. El problema es que toda la zona de desierto de alrededor está vallada, para que no puedas pasear por las preciosas dunas de arena sin pasar por caja.

Pero un grupo de universitarios en el hostel donde me hospedaba tenían un plan. Querían levantarse antes del amanecer, saltar la valla siendo todavía de noche e introducirse en el complejo antes de que llegaran los guardas. Me invitaron a unirme. También vinieron un chino que había estudiado en EEUU y hablaba muy buen inglés (útil para traducirme) y otra estudiante china. Y así lo hicimos. Nos costó bastante tiempo encontrar un lugar apropiado para saltar la valla, y luego movernos arriba y abajo de las dunas no fue nada fácil, pero finalmente llegamos al Crescent Lake a la vez que los primeros turistas. Dentro del complejo, todo tipo de turistadas como fotos con camellos y demás, que a los chinos les encantan. Este grupo de universitarios se portaron muy bien conmigo mientras coincidimos en Dunhuang, siempre ofreciéndome comida o lo que fuese, aunque desgraciadamente no podía hablar chino con ellos.

Duna en Dunhuang

Crescent Lake

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Ruta de la Seda 8 – Los mercados de Kashgar

Así, Benoît y yo llegamos a tiempo para pasar el fin de semana en Kashgar, sin duda una de las ciudades que más me impactó en mi viaje por la Ruta de la Seda.

La región de Xinjiang es el territorio de los Uigures. Su raza recuerda más a otros pueblos de Asia Central, nada que ver con los chinos (Han); hablan Uigur, un idioma relacionado con el turco que escriben en caligrafría árabe; son musulmanes y su comida es muy distinta a la china. En pocas palabras, entre ellos no sientes que estás en China en absoluto. A pesar de esto, el gobierno chino está propiciando una inmigración masiva de chinos para consolidar la región, y ahora la población está bastante dividida: dos mundos opuestos comparten las mismas ciudades. Generalmente no se mezclan mucho, es muy poco frecuente ver a grupos de amigos mixtos uigures y chinos, ni tampoco comen en los mismos restaurantes.

Pero en Kashgar todavía es posible apreciar el estilo de vida tradicional de los uigures. La parte conocida como Old Town contiene casas familiares tradicionales en marcado contraste con la parte nueva de la ciudad, con enormes edificios chinos, amplias avenidas y una estatua de Mao. En el centro de la ciudad se sitúa la mezquita principal, y cerca, tiendas uigures y puestos de comida callejera que, en palabras de Benoît, parecía Oriente Medio.

La atracción más conocida de Kashgar es el Sunday Market, que abre todos los días, aunque el domingo es el gran día. Ir allí es como volver atrás en el tiempo. Se puede comprar de todo, desde carne, especias o jade hasta herramientas de segunda mano (o un afeitado!). No hay chinos a la vista, salvo unos cuantos turistas cámara en mano. Impresionante! Toda una experiencia de la Ruta de la Seda.

Lo que es exclusivo de los domingos es el mercado de animales, en las afueras de la ciudad. Miles de animales son llevados allí para su venta. Hay áreas separadas para vacuno, ovejas, caballos, burros, etc. Los potenciales compradores inspeccionan cuidadosamente los animales y negocian directamente con los propietarios. De nuevo, todos los mercaderes eran uigures, y de nuevo, encontré el lugar realmente fascinante.

Livestock market

Termino el post con otra curiosidad sobre la región de Xinjiang. Oficialmente, el huso horario es el mismo que en el resto de China (Beijing time). Pero como está miles de kilómetros al oeste de Beijing, la hora oficial está en total incoherencia con la hora solar. Los locales se refieren extraoficialmente al Xinjiang time (utilizado mayoritariamente por uigures), dos horas por delante del Beijing time (utilizado más por los chinos). Así que cuando estás en Xinjiang no basta con preguntar “¿Qué hora es?”, también hay que indagar “¿Cuál hora?” 🙂

Ruta de la Seda 7 – Autostop hacia China

Cruzar las cordilleras de Tien Shan y Pamir que separan hoy en día Kirguistán y China era una de las etapas más difíciles para los viajeros de la Ruta de la Seda. Y lo sigue siendo. 🙂

Solamente se puede cruzar por dos pasos de montaña: Irkeshtam y Torugart. Para ir por Torugart hay que conseguir unos permisos especiales, un conductor con más permisos que te lleve por el “no-man’s land” y tener arreglado de antemano el transporte del lado chino hasta Kashgar, todo por una agencia. Así que una pesadilla espantosa y carísimo. Por supuesto, escogí Irkeshtam, aunque esto significaba hacer más kms. Quería cruzar a China antes del fin de semana (ambas fronteras cierran los findes), para llegar a tiempo al Sunday Market de Kashgar (próximo post). La única opción de transporte público es un autobús muy incómodo que circula dos veces a la semana. Y la opción más barata, cómoda y popular es hacer autostop.

El viaje empezó en la ciudad de Osh. Justo después de llegar de Bishkek, empecé a buscar un taxi compartido hacia Sara Tash. Fue bastante difícil encontrar uno. Los conductores intentaban convencerme de que no iba a haber más viajeros en esa dirección para conseguir que pagase por un coche entero (sin éxito). Pero al final en un stand más apartado encontré uno. Me llevó más de media hora negociar un precio razonable, probablemente por la falta de competencia.

En el viaje por carreteras de montaña conocí a Benoît, un viajero francés con quien compartiría los siguientes tres días, y el esfuerzo de hacer autostop. Aunque él tenía más experiencia que yo: había venido haciendo autostop desde Francia.

Después de unas horas llegamos al pueblo de Sara Tash, a tiempo para la cena. Se trata de un pueblo muy pequeño que se extiende alrededor del cruce de dos importantes carreteras: la que va a Tajikistan y la que va a China. Preguntamos en uno de los dos “hoteles” del lugar, y acordamos cena y alojamiento. El sitio era una casa familiar con una habitación grande semi-independiente donde acomodaban a viajeros durmiendo en el suelo con almohadas y mantas. Fuera de la casa había una letrina, y no hay ducha. Luego llegaron 4 viajeros de Israel, Canada y Polonia, que iban hacia Tajikistan, y compartieron el cuarto con nosotros. En el jardín, dos tiendas de campaña puestas por ciclistas suizos.

El pueblo tiene unas vistas espectaculares sobre las montañas que separan este país de China:

Nuestro primer conductor

Decidimos saltarnos el desayuno, y empezamos el autostop a las 6 am porque pensábamos que a esa hora pasarían más camiones chinos. En los primeros 40 minutos no pasaron camiones chinos, ni ningún coche, ni nada, y yo ya me estaba congelando. De repente pasó el primer camión, y paró. Nos subimos y este amable conductor nos llevó hasta la frontera kirguís, por muy poco dinero.

Llegamos a la frontera a las 9 am, justo cuando abre. Quería desayunar algo, pero a pesar de varios carteles donde se leía “bar”, nada parecía abierto. Así que pasamos por el control y fuimos especialmente bien recibidos por los guardas, siendo los únicos viajeros que pasaban a pie por una frontera en un sitio tan remoto. Tuvimos que esperar un rato hasta que el primer camión del día fue lentamente inspeccionado, y los oficiales kirguís nos invitaron a subir a él.

En este segundo tramo en camión recorrimos el “no-man’s land”, donde hay un paisaje realmente espectacular por el que sólo transcurren unos pocos camiones al día:

Cuando llegamos a la frontera china, entramos en el puesto de inmigración y nos encontramos por casualidad con los pasajeros del único autobús que circula entre Osh y Kashgar dos veces a la semana. Después, esperar, esperar y esperar. En total nos llevó unas 8 horas todo el proceso de cruzar la frontera. Dimos nuestros pasaportes al guarda y todo nuestro equipaje fue inspeccionado cuidadosamente. Sacó mi ropa prenda a prenda, mis medicinas y todas mis cosas preguntando para qué era cada una. Miró todos mis libros (sin entender nada pues no habla inglés) y vio los vídeos de mi iPad (en español). Aparentemente no detectó nada prohibido ni ofensivo. Pero su compañero se percató de que tenía la guía Lonely Planet. Sabía que en el mapa de la primera página no aparecía Taiwan como parte integrante de China, así que había que destruir el mapa. Le intenté convencer de que arrancase solamente Taiwan (que no se incluye en la guía y me da igual), pero, tras consultarlo con su superior, arrancó el mapa completo.

Un cartel informaba de que el nuevo puesto de inmigración se encontraba ahora a unos 125 km abajo por la carretera, y que los viajeros que pasan a pie deben subirse a un camión para “no perderse” y porque “los camioneros conocen el camino”. 🙂 Pero aprovechando que estaba el autobús allí, el oficial trató de meternos en él. El del autobús intentó cobrarnos la tarifa completa desde Osh, y nos negamos. El oficial chino se enfadó bastante pero al final cedió y le pidió a un soldado joven y graciosete que nos acompañase a un camión, mientras decía “here, no money, no money!” Los camiones llevaban parados allí años, pero éste inmediatamente obtuvo el permiso para continuar.

Camellos

Nuestro tercer conductor del día nos dijo que él no era Kirguís ni Chino, sino Uyghur. La mayor parte de estos 125 km estaban completamente desiertos, ocupados por algunos de estos camellos.

Cuando llegamos al nuevo puesto de inmigración, de nuevo la misma historia: esperar, esperar, esperar más, inspección completa de nuestro equipaje cosa por cosa y, finalmente, sellaron nuestros pasaportes y pudimos proceder. Ya era mediada la tarde, y no habíamos ni desayunado. No había cambio de divisas tras la frontera, tuvimos que tirar de unos pocos yuanes que traía yo de un viaje anterior.

Todavía nos quedaba una hora o más de viaje en coche a Kashgar. No hay autobuses. Un taxi a la salida de la frontera nos ofrecía insistentemente sus servicios, cada vez bajando su precio un poco. Pero, habiendo llegado hasta aquí, por qué no seguir haciendo autostop?? Fuimos andando hacia lo que parecía una carretera con tráfico y rápidamente encontramos un coche que nos llevó a Kashgar por mucho menos de lo que pedía el taxista.

Ruta de la Seda 6 – Kirguistán

La primera impresión cuando llegas a Kirguistán es que nada ha cambiado mucho: sigues viendo Uzbekos en todo el Valle de Fergana. Y es que las fronteras en Asia Central no tienen ningún sentido. Los bordes de las repúblicas fueron delimitados por Stalin cuando no se esperaba que fueran distintos paises. Tajikos viven en Samarkanda en Uzbekistan, mientras que Uzbekos habitan el valle de Fergana en Kirguistán, y así en todos los sitios. Para comprender bien la región hay que olvidarse de las fronteras oficiales y pensar en términos de esas otras fronteras, más reales, que no aparecen dibujadas en ningún mapa.

El camino a Bishkek se me hizo largo pero lo disfruté. Viajé con una familia local de lo mas característica y simpática, y con dos jóvenes que venían de vuelta de la academia militar de Moscú y podían hablar algo de inglés.

Bishkek tambien tiene pinta de una capital de la URRS. Grandes avenidas y edificios monumentales dominan el centro de la ciudad. El ruso es el idioma más hablado y hay un porcenaje de habitantes de etnia rusa.

Bishkek

El resto del pais es eminentemente rural, en marcado contraste con una ciudad cosmopolita como Bishkek. La parte mas turística del pais (si se puede decir tal cosa) son los alrededores del enorme lago Issik-Köl. En la orilla norte hay algunos resorts que reciben turistas kazajos ricos, ya que éste es el sitio que mas se asemeja a un pueblo de playa en miles de kilometros a la redonda (y aun asi, nada que ver).

Al este del lago está la ciudad de Karakol. Es la base de la mayoria de los viajeros occidentales, porque hay muchas oportunidades de montañismo en las cordilleras cercanas. Por cierto, casi todos los occidentales que vienen a Kirguistán son montañeros con experiencia, o al menos amantes de la naturaleza.

Pero tambien hay algunos sitios de interes en Karakol. Uno de ellos ejemplifica la fusión de culturas, pueblos y religiones a lo largo de la Ruta de la Seda. Esta mezquita en un país musulmán de Asia Central está construida en el estilo de un templo chino, combinado con rasgos islámicos como el minarete y la luna creciente. Interesante.

Mezquita china en Karakol

Algunos Kirguiz todavía preservan un estilo de vida semi-nómada. Suben con sus ganados a la montaña en verano, hasta que hace demasiado frío y vuelven. En muchas partes del país se pueden ver yurtas esparcidas por las laderas.

Yurts

Mercado

En Kirguistán nunca tienes que ir muy lejos para encontrar bonitos mercados tradicionales, que aún dan un aire comercial a lo que fue una parada importante en la Ruta de la Seda. Especias, verduras, fruta o ropa barata, todo se puede comprar en sus bazares.

Mercader

Os recomiendo a todos que visitéis Kirguistán. Es un país fuera del rádar de los paquetes turísticos, de modo que conserva un aire de autenticidad y hospitalidad, además de ser muy barato.

Ruta de la Seda 5 – Viajando por Uzbekistán

Después de tanta mezquita, hoy me centraré en un par de curiosidades de viajar por Uzbekistán.

Cambio de 100 US$

Lo primero que haces cuando llegas a Uzbekistán, como a cualquier país, es cambiar dinero. Hay que hacerlo en el mercado negro, pues el tipo de cambio oficial es muy desfavorable. Pero ¡cuidado!, no puedes ir con una simple billetera, porque el fajo de billetes que te dan abulta un montón. Por un billete de 100 USD el cambio son unos 380.000-385.000 som. Y como los billetes de mayor valor son de 1.000 som, pues te llevas al menos 380 billetes. ¡¡Llevaos una mochila!! 🙂

Todos los viajeros pasan en algún momento por la capital, Tashkent. Se trata de una ciudad de estilo soviético, con amplias avenidas y edificios monumentales. No es una de las “perlas” de Uzbekistán (Khiva, Bujara y Samarcanda); aun así, muchos viajeros acaban pasando bastante tiempo en la capital para procesar sus siguientes visados a países como Kazajistán, Kirguistán, Turkmenistán, China o Irán. Si os alojáis en uno de los dos guesthouses a los que van los mochileros en Tashkent, oiréis un millón de historias para no dormir de problemas con este tema, porque ¡en Asia Central conseguir los visados es un infierno! 😦

La ciudad está muy controlada por el ejército. Muchas veces, cuando entras en el metro te piden el pasaporte y que abras la mochila. Todo esto es resultado de la política del presidente Ismail Karimov, que lleva desde la época soviética y es más conocido aquí como “Papa” (el nombre lo dice todo).

Tashkent

Tal vez más interesante que el Tashkent moderno son algunos de los mercados, muy tradicionales y coloridos como en toda la región:

Mercado Chorsu

El TALGO

La mejor forma de viajar a las principales ciudades turísticas es en tren. Tuve que hacer mis pinitos en ruso y uzbeko para conseguir comprar el billete para el día correcto de la semana :), y también para que no me colaran el tren turístico, que es mucho más caro. Y una vez llegué al andén, ¡sorpresa! un Talgo!!! jajaja

Los vagones son de estos de literas, bastante cómodos, incluso conseguí dormir… Aunque las primeras horas estuve muy ocupado, porque yo era el único extranjero, y todo el mundo venía a entablar conversación conmigo. Como yo no hablo uzbeko ni ruso y ellos no hablan inglés, la comunicación era un poco difícil, pero eso no les impedía seguir soltándome parrafadas de las que sabían que yo no entendía nada. Me preguntaban: no hablas ruso? pero cómo no hablas ruso!!??? 🙂 Esta pregunta podría ser hasta graciosa en España, pero el ruso se utiliza en la región como lingua franca, mucho más que el inglés.

También pude comprobar que mi país es muy famoso en la región. Y, claro, no podía ser por otra cosa que por el fútbol. Cuando mencionaba que era de España, se ponían todo contentos y gritaban: España champion Europe!! Barcelona, Real Madrid!! ¿De qué ciudad eres, de Barcelona o de “Real Madrid”?? [sic] 🙂

Hostel en Samarcanda ¡¡Lleno de ciclistas!!

En Asia Central otra de las cosas más interesantes es conocer a otros viajeros. Nada que ver con los que te encuentras en sitios más populares como Sudeste Asiático, Europa o Sudamérica. Son gente súper interesante, en general mayores que en otras regiones (no chicos de 18 años de gap year), con una experiencia en viajes increíble (alguno llevaba 22 años seguidos viajando) y la mayoría viajan durante mucho tiempo por toda la región. Casi todos europeos y algunos asiáticos; muchos eran franceses, al parecer lo de la Ruta de la Seda se ha puesto de moda en Francia. Pero lo que más me sorprendió fue la cantidad de ciclistas que había. Mucha gente se había venido desde Bélgica, Holanda o Suiza en bici, lo que me parece toda una proeza.

Como no hay tantos viajeros ni hostels en la región, te vas encontrando con la misma gente de cuando en cuando. Así, a uno que has conocido hace 2 semanas en Samarcanda te lo encuentras en Kirguistán o en China, o uno que has visto visitando Bujara coincide luego contigo en la cola de una embajada en Tashkent. Es bastante familiar, todo el mundo comparte sus experiencias.

La proporción de españoles que encuentro cuando viajo es mínima, pero en Asia Central aún menos. En Uzbekistán sólo vi a uno, un andaluz de cuarenta y tantos años. Cada año visita una república ex-URSS, y se pasa todo el invierno preparando el viaje. Compara las 3 últimas versiones de la guía Lonely Planet, y va pegando con post-it aquellas cosas que han desaparecido en la más reciente. Después lo fotocopia reducido y lo plastifica. También ha hecho este trabajo con la guía de Kirguistán, “por si acaso no me concedían el visado para Uzbekistán”. Compra el phrasebook de uzbeko y lo traduce del inglés al español en su libreta, aunque él habla bien inglés, pero “puede haber alguna palabra que no conozca”. ¿Por qué hace todo esto? Su explicación es sencilla: ahora trabaja en Islandia, y ¡allí los inviernos son fríos y aburridos! 🙂 Es tan meticuloso y perfeccionista que nos fuimos a cenar a un sitio baratísimo y hace las cuentas tipo: “yo me he comido un 50% más de pan que tú…” 🙂 Pero como él dice, “pudiendo hacer las cosas bien, pa’ qué vamo’ a hacer las cosas mal?”  Un personaje.

Problemas en la carretera

Ya viajando hacia el Este del país, hacia el Valle de Fergana, no se puede ir en tren ni en autobús. Sólo está permitido viajar hacia allí en los taxis compartidos, que son un poco más caros que el autobús (aunque me costaba mucho más esfuerzo negociar la tarifa).

No sé si es mi mala suerte o si siempre es así, pero en todos mis viajes se pinchaba alguna rueda. También había que parar cada 2 por 3 a comprar melones, queso o cualquier otra cosa por la carretera, así que hay que tomárselo con paciencia. Cuando se ponía el sol, como era Ramadán, siempre se paraba a romper el ayuno y cenar (aunque son musulmanes, bastantes de ellos no cumplían el Ramadán).

Y llegué a Kokand, que fue capital del Khanato durante los siglos XVIII y XIX. La región del valle de Fergana tiene fama de ser más conservadora y musulmana que el resto del país.

Palacio del Khan, Kokand

Las siguientes ciudades en la ruta fueron Fergana y Andijon (famosa por la masacre de protestantes islamistas anti-Karimov en 2005). Crucé la frontera con Kirguistán, y seguí recorriendo el valle de Fergana. Y esto ya para el siguiente post.