Brasil – Ilha do Amor

Otro viaje en barco me llevó desde Manaus hasta Santarem. Hay algunos barcos que hacen la ruta completa entre Manaus y Belém, pero es una buena idea detenerse unos días en Santarém para partir el largo viaje.

Santarem es una ciudad de tamaño medio. Tiene un par de pequeños museos, aeropuerto y mucho comercio. Por la noche se notaba la presencia de algunos turistas brasileños tomando un helado mientras pasean por el “paseo marítimo”; su piel blanca no permite confusión con los rasgos indígenas de los locales. Santarem también es un lugar adecuado para realizar excursiones de naturaleza, en particular a la Floresta Nacional de Tapajos.

Plaza de Alter do Chao

Otro de los atractivos cercanos a Santarem, lo que atrae a los mochileros hasta allí, es el pueblo de Alter do Chão, que está a 33 km de Santarem. Alter do Chão se extiende en la orilla del río Tapajós, es un pueblo pequeño y agradable, y tiene una plaza principal con vistas al río. La playa de arena blanca está a unos 500 metros de esta plaza, así que todo se puede hacer a pie. Los pequeños barcos de pescadores de Alter do Chão se han reconvertido para ofrecer “paseios” a los visitantes. Aun así, sigue siendo un pueblo tranquilo, con un ambiente muy relajado que la llegada del turismo no ha estropeado.

Ilha do Amor

Justo enfrente del pueblo, cruzando parte del río, se sitúa Ilha do Amor, una isla con playas blancas y, más hacia el interior, zonas muy aisladas donde poder perderse. Era la estación de lluvias y las playas estaban algo reducidas respecto a su nivel en la época seca; aun así las vistas eran bonitas.

Alter do Chão es, desde hace años, un paraíso de mochileros. Aislado en el Amazonas, pequeño, agradable, tranquilo, con playa y naturaleza, es un lugar ideal para perderse una temporada. Y suele ser una larga temporada, porque el tiempo parece que no pasa en Alter do Chão, uno de esos sitios donde la gente no lleva reloj y se toma la vida con toda la calma. Puedes preguntar a un viajero cuanto tiempo lleva allí, se queda pensando y al final te contesta “dos o tres meses, creo” con cara de “y parece que fue ayer”.

Antes de dejarme llevar por el ritmo tan relajado de este hermoso pueblecillo, recordé que se acercaban mis exámenes y tenía que llegar a São Paulo. Volví en autobús a Santarem para comprar un billete en el próximo barco hacia Belém. Pero el siguiente barco no zarparía hasta el viernes, así que, ¡vaya!, me tocó quedarme tres días más en ese bonito lugar :-).

Posada da Floresta

Los mochileros que llegan hasta allá son una especie muy distinta de los que encuentras en sitios como Buenos Aires o París. Los jóvenes de 18-23 años pasan de largo este tipo de sitios, corriendo para que les dé tiempo a ver el siguiente gran monumento. Los que se quedan en pueblos como este son generalmente mayores, valoran la tranquilidad, la naturaleza y viajar a otro ritmo, muchos han tenido -o tienen aún- sus años hippies.

Playa junto a Posada da Floresta

¿Y dónde se quedan? Uno delos sitios es la Posada da Floresta. Es un albergue muy relajado donde cada uno duerme en su hamaca y se hace su propia comida. En este plan de cocinarse e ir a la playa se puede vivir largas temporadas por muy poco dinero. Detrás del albergue hay una pequeña playa en la que nunca había nadie, unos pasos y te puedes dar un chapuzón. Este es uno de los pocos alojamientos a los que todavía no ha llegado internet, así que la gente habla y se relaciona en lugar de estar cada uno por su cuenta sin desconectar de casa mirando el facebook o en mi caso escribiendo este post :-). Desde luego, internet ha cambiado la experiencia de viajar. Fijaos si este sitio es relajado, que el día que me fui estuve media hora buscando al encargado para pagarle la habitación (o mejor debería decir el lugar para poner mi hamaca?). Ya me tenía que ir para llegar a tiempo al barco y nadie sabía dónde estaba el hombre, hasta que por fin lo encontré, en una habitación escondida echando unos porros con cuatro amigos. Si me voy y no le pago, pues ni se entera y tan feliz.

Después de Santarem, el tercer barco me llevó a Belém, de ahí fui a Fortaleza unos días y luego a São Paulo, donde hice un par de exámenes en el colegio Miguel de Cervantes. Ir al sur de Brasil es como ir a otro país, no tiene nada que ver con el Amazonas. De estas semanas no haré posts, así que en el próximo llegamos al Carnaval en Rio.

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