Brasil – Surcando el Amazonas (2)

El día siguiente, seguimos navegando entre Tabatinga y Manaus.

La comida en estos barcos es básica pero aceptable. Ofrecen los platos básicos brasileños: arroz, frijoles, espaguetis, farofa, algo de ensalada y carne. Las advertencias de las guías de viaje de diarreas, agotamiento de la comida y demás eran, como casi siempre, exageradas. En el primer barco el billete incluía todas las comidas, mientras que en los siguientes había que pagarla aparte. Un pelín más barato salía comprar los platos hechos que traían vendedores que saltaban al barco tan pronto se aproximaba a un puerto.

En la eterna cola para comer, tuve un encuentro curioso.

Familia a la que conocí en la cola del comedor

Había una madre y su hija pequeña justo detrás de mí. Yo ya me había fijado desde el primer día en esta familia, de aspecto inconfundible: las mujeres y niñas muy pequeñas, con un velo largo, y el hombre con el pelo y la barba muy largos; todos bajitos y con piel muy curtida por el sol. Tenía mucha curiosidad por saber por qué llevaban ese aspecto y si era una cuestión religiosa. Yo sabía que no podían ser musulmanes. Más tarde hice una foto a madre e hija cuando iban al baño.

Sin saber mi nacionalidad, la mujer empezó a hablar conmigo en español (que casi nadie en el barco hablaba). Entonces supe que eran de Perú. Le pregunté si en su ciudad es costumbre llevar velo, y me contesta: “Si las mujeres no llevan velo, Dios no les escucha. Lo pone la Biblia” (y me dijo el libro del Antiguo Testamento). Me explicó que son de religión “israelita”. Le pregunté si eran como los judios de Israel (obviamente no, era por darle coba y que se explicase). «¡¡NO!! ¡¡¡PORQUE ELLOS HAN NEGADO AL SEÑOR!!!» A medida que iba hablando de su religión se le vía más segura, alzando cada vez más la voz, se nota que es el tema que le gusta. Al parecer su “señor”, Jehová de los Ejércitos, había visto que en Israel no le escuchaban y había preferido encarnarse en Perú. Este hombre, según me contó la señora, subió a los cielos y trajo de vuelta los 10 mandamientos. Estos eran los mismos de Moisés, pero con la diferencia de que en el caso de Moisés los mandamientos descendieron a él y en este otro es Jehová de los Ejércitos el que ha subido a los cielos para traerlos.

Pero lo que más me impactó de las teorías de esta señora no fue la religión, sino cuando empezamos a hablar sobre el pelo. “Los Incas tenían el pelo largo, por eso eran fuertes” Yo estaba a punto de soltar una carcajada, pero le pregunté ¿como Sansón?. “Sí, claro, claro, como Sansón, veo que usted conoce. Por eso ahora todo el mundo es débil, porque se cortan el pelo. No estamos a imagen de Dios”. Sin duda su marido debia ser fuerte, con los pelos que llevaba. Entonces entramos en la sala para comer, pero no me senté junto a esta señora, la conversación ya había sido suficientemente surrealista.

Esa noche, los paisajes eran espectaculares. El río Amazonas se hacía cada vez más grande y majestuoso.

Puesta de sol sobre el Amazonas

Los dos siguientes viajes que hice me llamaron menos la atención. El barco estaba lleno pero no tan abarrotado como este primero. No había haitianos, sólo gente local y, en el último, varios europeos. En lugar de la excitación por llegar a un nuevo país y una nueva vida, esta gente se tomaba el viaje con la normalidad de quien lo hace de manera habitual. Aun así, hubo muchas ocasiones de conocer gente y los paisajes eran también espectaculares.

En conclusión, recomiendo a todos que si viajáis al Amazonas toméis al menos alguno de estos barcos. Es una experiencia única, te da acceso a ver todo el cauce del río y a relacionarte con facilidad con mucha gente local que vive alejada del mundo del turismo. Y además, por supuesto, es la forma más económica de recorrer la región.

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6 pensamientos en “Brasil – Surcando el Amazonas (2)

  1. Hola Iñogoooooooo !!!, que alegría saber de ti !!!!
    Es fascinante todo lo que cuentas, cuídate muuuuuuucho. Te echamos de menos en la ofi.
    Un beso
    Sara

  2. Iñigooooo, qué alegría saber de tí!!! Es alucinante lo que cuentas, qué experiencias!! Lo hemos leído en casa Juan Ramón, las niñas y yo, y estamos deseando que escribas más, nos das mucha envidia. Cuídate mucho y sigue disfrutando de tu super-viaje. 🙂
    Un besazo,
    Mar

  3. Estamos enganchados y apreniendo un montón!
    La selva no me da mucha envidia..en todo caso si pudiera verlo desde el aire, lejos de los bichitos… El resto Si!

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